Cuando alguien me platicaba que se había caído en la regadera o ducha, o que a alguien más le había pasado yo solía pensar. ¿Cómo se pueden caer? ¿Acaso no pisan bien el piso? ¡Que descuidados! Hasta que el lunes de la semana pasada, 22 de Febrero, tras bañarme para ir a la oficina, al dar el paso para salir de la regadera de mi casa, oh si, me paso eso, me caí en la regadera.
¿Cómo me caí? Simplemente me resbale.
¿Acaso no estaba pisando bien el piso? La lógica indica que no. No estaba bien apoyado y al levantar un pie el peso de mi cuerpo hizo que mi otro pie se deslizara muy rápidamente con la humedad del piso.
¿Fui descuidado? Claro, sin duda, estaba haciendo mi rutina en automático, pensando en otras cosas y sin poner atención a la posición y situación de mis pies. Pero además, y lo más importante aquí: FUI NEGLIGENTE.
¿Cómo es que fui negligente?
La mayoría de las personas a quienes por una u otra razón les contaba que me había caído en la regadera, me respondían con las siguientes preguntas: ¿Y traías sandalias (huaraches)? y ¿Y no tienes tapete en la regadera? Mi respuesta a ambas preguntas es NO.
Resulta ser que nunca he acostumbrado bañarme con sandalias (y mi esposa igual), de niño no me lo enseñaron (y en la casa de mis padres nunca hubo tapete en la regadera) y ahora de adulto a pesar de haber escuchado algunas veces que por seguridad es recomendable usar estos accesorios, la costumbre ha podido más, hasta este desafortunado evento.
El costo de esta negligencia.
Fui “afortunado”, no me quebré ni un hueso, pero caí sobre mis costillas y el dolor fue inmenso, hoy a casi 10 días del evento y 1 caja de pastillas para la inflamación y otra para el dolor, todavía tengo molestias, y hubo algunos retrasos en mis actividades cotidianas puesto que hasta el momento no puedo levantar casi nada sin sentir dolor, este dolor puede durar un tiempo, lo bueno es que este tiempo es por mucho menor que el tiempo que hubiera tardado en recuperarme si hubiera habido fractura.
¿Qué aprendí de mi caída?
Lo primario es obviamente usar tapete en la regadera y sandalias para bañarme para incrementar mi seguridad y disminuir la probabilidad de caerme. Pero la lección más importante para mí de esta experiencia es que al escuchar las vivencias de otras personas, no puedo dar por sentado que a ellos les pasó y que a mi no me va a pasar solo por ser yo, tengo que ver las posibles causas y ver si yo estoy en la misma situación, en cuyo caso debo de tomar las acciones necesarias para “asegurar” que a mí y los demás no les pase.
Así que los invito a que, si no lo hacen ya, al bañarse usen sandalias y si pueden también pongan un tapete en su regadera para que no se caigan como yo.
Y tú ¿Te has caído en la regadera? ¿Has tenido alguna experiencia similar? o ¿Tienes algún otro consejo sobre seguridad? agrega tu comentario a esta publicación.









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Written by Luis Ortega
Topics: Desarrollo Personal